Conversaciones con evidencia

El lugar donde la ciencia se encuentra con el profesional.

Después de años recorriendo mi camino profesional entendí algo: aprender nunca termina.

La nutrición avanza, cambia y nos invita a cuestionar, actualizar y mirar con más profundidad.

Por eso creé este espacio: para compartir evidencia, reflexiones y conversaciones que nos ayuden a crecer con más criterio y humanidad.

No busco tener todas las respuestas.

Creo en construirlas juntos.

Porque cuando el conocimiento se comparte, también nos transforma.

Soledad Mangieri Soledad Mangieri

Omega-3 en veganos y vegetarianos ¿Cómo lo estamos abordando?

Hay una pregunta que suele aparecer cada vez que una persona vegetariana o vegana viene a la consulta:

¿le está faltando omega-3? Y si es así, ¿tiene mayor riesgo cardiovascular?

El trabajo que pongo sobre la mesa este mes es una revisión narrativa que analiza justamente esta cuestión:

el estado de los ácidos grasos omega-3 en personas vegetarianas y veganas y qué implicancias podría tener para la salud cardiovascular.

ALA no es lo mismo que EPA y DHA

Hay una pregunta que suele aparecer cada vez que una persona vegetariana o vegana viene a la consulta: ¿le está faltando omega-3? Y si es así, ¿tiene mayor riesgo cardiovascular?

El trabajo que pongo sobre la mesa este mes es una revisión narrativa que analiza justamente esta cuestión: el estado de los ácidos grasos omega-3 en personas vegetarianas y veganas y qué implicancias podría tener para la salud cardiovascular.

ALA no es lo mismo que EPA y DHA

Las fuentes vegetales aportan principalmente ALA (ácido alfa-linolénico), un ácido graso esencial que el organismo puede utilizar como punto de partida para sintetizar EPA y, posteriormente, DHA. Pero esta conversión es limitada y variable. En el camino aparece también el DPA (docosapentaenoico), que puede funcionar como intermediario y reservorio metabólico dentro de esta vía. La conversión no ocurre igual en todas las personas y puede verse influida por diferentes factores, entre ellos la cantidad de ALA disponible, la ingesta de otros ácidos grasos, factores metabólicos y diferencias individuales.

Entre los factores que la reducen encontramos:

  • No modificables: sexo masculino, edad mayor, polimorfismos en los genes FADS y ELOVL.

  • Clínicos: obesidad, insulinorresistencia y diabetes tipo 2.

  • Dietéticos: relación n-6:n-3 mayor a 4:1, y especialmente mayor a 10:1.

  • Déficit de cofactores: zinc, magnesio, niacina, piridoxina y vitamina C.

  • Estilo de vida: tabaquismo (6-17% menos EPA y DHA eritrocitario) y consumo de alcohol.

Para prestar atención: veganos y vegetarianos presentan menor estatus de zinc, con tasas de deficiencia de hasta 30% en veganos. Es decir, el mismo patrón alimentario puede estar limitando la conversión por una vía que no es la del omega-3. El Índice Omega-3, un concepto nuevo que me acerca esta revisión, pero… ¿sirve de algo?

El Índice Omega-3 (O3I) mide la proporción de EPA + DHA sobre el total de ácidos grasos presentes en la membrana de los glóbulos rojos. Se utiliza como biomarcador relacionado con el estado de estos ácidos grasos, pero por el momento no es un análisis rutinario.

Un detalle importante:

No se mide en plasma, sino en el eritrocito.

¿Por qué? Porque los ácidos grasos que encontramos en plasma pueden variar bastante según la ingesta reciente. En cambio, los glóbulos rojos tienen una vida de aproximadamente 120 días y su membrana refleja, en cierta medida, una exposición más sostenida a lo largo de los últimos meses.

Por eso suele explicarse el Índice Omega-3 como una especie de “memoria” de la exposición a EPA y DHA, en lugar de una fotografía de lo que la persona comió esta semana. (En criollo, sería algo similar a la hemoglobina glicada, pero en versión ácidos grasos).

En la literatura se han utilizado distintos puntos de corte, entre ellos:

Índice Omega-3 ‍ Interpretación propuesta

> 8% Asociado a menor riesgo CV

4–8% Rango intermedio

< 4% Asociado a mayor riesgo CV

ACLARACIÓN: que un valor se asocie con determinado riesgo, no significa automáticamente que llevar a una persona de 4% a 8% vaya a reducir su riesgo cardiovascular. Esa diferencia entre biomarcador, asociación y efecto de una intervención es central para interpretar este tema. El índice puede decirnos que el nivel de EPA y DHA es bajo. Lo que la evidencia todavía no permite afirmar con la misma seguridad es qué significa clínicamente ese valor en esta población y, especialmente, qué beneficios concretos tendría modificarlo mediante suplementación o cambios en la alimentación.

¿Dónde encontramos a las personas en la vida real?

Los datos que presenta el trabajo son llamativos:

  • Veganos: O3I entre 1,5% y 4,1% según los estudios.

  • Veganos / vegetarianos / omnívoros: 3,7% , 3,9% y 5,0% respectivamente en el estudio de Harris et al. (2025), con 300 participantes.

  • 160.000 adultos en EE. UU.: promedio de 4,7%.

  • Framingham Offspring: promedio de 5,7%.

Ninguno de estos grupos alcanza, en promedio, el 8%.

Ni siquiera los omnívoros.Al decir que “no encontramos diferencias clínicas entre vegetarianos y omnívoros”, hay dos lecturas posibles. Una: el índice no predice nada relevante. Otra: los dos grupos estaban por debajo del umbral, así que el estudio comparó “bajo” contra “un poco más bajo” y no tenía forma de detectar nada.

El paper se inclina por la segunda y lo dice explícitamente: el contraste de exposición es insuficiente.

Nunca se compararon resultados clínicos a largo plazo entre personas vegetarianas con O3I menor a 4% y personas vegetarianas con O3I mayor a 8%.

Ese estudio, sería el único que respondería la pregunta y no existe.

¿Qué dicen las guías?

Ninguna de las guías vigentes (OMS/FAO, IOM, EFSA, Academy of Nutrition and Dietetics) establece recomendaciones diferenciadas para población vegetariana o vegana.

La Academy of Nutrition and Dietetics sostiene que ante la falta de ensayos de intervención sobre dosis de EPA/DHA en esta población, la recomendación sigue siendo enfatizar el consumo regular de fuentes vegetales de ALA.

Sobre la mesa hay una propuesta: elevar el ALA a 2,2 g/día como mínimo (y hasta 4,4g/día), apuntando a una relación n-6:n-3 de 2:1 a 4:1.(es una propuesta, no una recomendación oficial).

Para llevar a la consulta:

  • Alimentos primero. Para cubrir la ingesta adecuada de ALA alcanza con cantidades pequeñas y cotidianas.‍ ¿Y cuánto es exactamente? Para dar una referencia: 12 g de chía cubren los 2,2 g de ALA que el paper propone para dietas vegetarianas y veganas. La tabla completa, con los gramos diarios de cada alimento calculados tanto para la ingesta adecuada general como para esa propuesta, está en la infografía que acompaña esta edición y la reciben quienes están suscritos a la newsletter. ‍ ‍

  • Optimizar conversión. El problema rara vez es la falta de ALA: es el exceso de linoleico compitiendo por la misma enzima. Reemplazar girasol, maíz y aderezos comerciales por aceites ricos en monoinsaturados —oliva, canola, palta— es probablemente la intervención de mejor rendimiento y menor costo. Los autores aclaran algo importante: esto no implica que el linoleico sea dañino, sino que se trata de optimizar la conversión.

  • Suplementos: cada uno hace una cosa distinta. Aceites ricos en ALA (lino, chía) y ácido estearidónico: aumentan EPA, no mejoran el DHA.

  • Microalgas: Aumentan el Índice Omega-3 entre 55% y 82%, con biodisponibilidad comparable a la del aceite de pescado, y pueden elevar EPA por retroconversión.

Los autores las recomiendan específicamente en tres situaciones: O3I basal <4%, embarazo y lactancia, y casos donde optimizar el estatus tenga relevancia clínica concreta.

¿Y en la práctica real?

Priorizar alimentos fuente de ALA:

  •  semillas de lino y chía

  •  nueces

  • aceite de lino

  •  otros alimentos vegetales que aportan ácido alfa-linolénico (verduras de hoja verde como la espinaca, legumbres como la soja y algunas hortalizas como repollo de Bruselas) Y existe una alternativa: suplementación con aceite de microalgas, que permiten obtener EPA y/o DHA directamente, sin depender de la conversión de ALA.

    Ahora bien, hay un “detalle” que también importa cuando trasladamos la evidencia a la consulta: la disponibilidad de suplementos a base de microalgas no es universal.

El artículo plantea el uso de suplementos de microalgas como una posibilidad, pero la oferta, disponibilidad y accesibilidad económica de estos productos puede ser muy

diferente según el país. En Uruguay, por ejemplo, la disponibilidad comercial de productos específicos con EPA/DHA provenientes de microalgas es un aspecto que merece importancia analizar. La siguiente información, no surge del paper, es información del contexto local tras investigar el mercado.

La oferta de suplementos de omega-3 de algas es mucho más limitada y menos accesible que la de omega-3 de aceite de pescado, y buena parte de lo que aparece

está comercializado online/importado. La disponibilidad es una limitante que la literatura no siempre contempla: La evidencia puede señalar a los aceites de microalgas como una alternativa vegetal para aumentar EPA y DHA, pero ¿qué tan accesible es realmente esa opción para nuestros pacientes? Y así aparecen muchas preguntas:

¿Está disponible?

¿Dónde se consigue?

¿Cuánto cuesta?

¿Qué cantidad de EPA y DHA aporta realmente?

¿Es un producto local o importado?

¿Hay continuidad de stock?

¿Qué pasa con una persona que necesita mantenerlo durante meses?

¿La opción recomendada por la evidencia es económicamente viable para esa persona?

Y esto también forma parte de la traducción de la evidencia a la práctica: no alcanza con saber qué podría funcionar; necesitamos saber si la persona puede conseguirlo,

pagarlo y sostenerlo en el tiempo. Creo que una buena recomendación nutricional tiene que poder pasar del paper al mundo real.

Para seguir conversando

Después de revisar esta evidencia, creo que la pregunta no debe ser solamente “¿una persona vegetariana o vegana necesita suplementar omega-3?”, sino también “¿cómo estamos evaluando hoy el omega-3 en las personas que acompañamos?”

¿Estamos preguntando por las fuentes de ALA que consumen?

¿Miramos el conjunto de la alimentación y los factores que pueden afectar su conversión?

¿Consideramos la etapa de la vida y la situación particular de cada persona?

¿Suplementamos o no?

La evidencia todavía no nos da una respuesta definitiva sobre cuál debería ser el nivel óptimo de EPA y DHA para estas poblaciones ni sobre cuánto beneficio clínico tendría modificarlo.

Pero sí nos invita a revisar nuestras propias prácticas y las decisiones que damos por sentadas. Por eso, me gustaría que esta revisión no termine en una conclusión, sino que abra una conversación entre colegas:

¿Cómo estás abordando hoy el omega-3 en tus pacientes vegetarianos y veganos?

Te leo. Porque, como siempre, la evidencia es el punto de partida para conversar.



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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

¿El contacto piel con piel después del nacimiento puede influir en la lactancia meses después?

¿El contacto piel con piel después del nacimiento puede influir en la

lactancia meses después?

Cada agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Por eso elegí

dedicar esta edición de Conversaciones con Evidencia a la lactancia, y mirarla

desde un momento antes de que podamos hablar propiamente de &quot;lactancia&quot;: los

primeros minutos después del nacimiento.

Cada agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Por eso elegí dedicar esta edición de Conversaciones con Evidencia a la lactancia, y mirarla desde un momento antes de que podamos hablar propiamente de “lactancia”: los primeros minutos después del nacimiento.

Una nueva revisión Cochrane actualizó la evidencia sobre el contacto piel con piel inmediato o temprano entre madres y recién nacidos sanos. Y deja una pregunta abierta sobre la mesa: ¿puede una intervención tan breve sostener efectos que medimos meses después?

¿Qué estudiaron?

La revisión comparó el contacto piel con piel inmediato o temprano con las prácticas habituales de atención hospitalaria.

Para esta actualización se incorporaron nuevos ensayos, y el total llegó a 69 estudios y 7.290 díadas madre-bebé.

El contacto inmediato se definió como el que empieza dentro de los primeros 10 minutos después del nacimiento.

El temprano, el que ocurre entre los 10 minutos y las 24 horas.

Se evaluaron, entre otros resultados, la lactancia materna, la temperatura y la glucemia del recién nacido, y algunos resultados fisiológicos maternos.

Dos datos que conviene tener presentes antes de leer los resultados:

a) 15 estudios incluyeron nacimientos por cesárea y 10 incluyeron prematuros tardíos, de 34 a 37 semanas.

b) 32 estudios se hicieron en países de ingresos altos, 25 en países de ingresos medios-altos y 12 en países de ingresos medios-bajos. Ninguno en países de ingresos bajos.

¿Qué encontraron?

El resultado más sólido es que el contacto piel con piel aumentaría la probabilidad de lactancia materna exclusiva, tanto en el período que va del alta al primer mes como entre las 6 semanas y los 6 meses.

 Hasta 1 mes: RR 1,36 (IC 95% 1,19 a 1,56), certeza moderada.  Entre 6 semanas y 6 meses: RR 1,38 (IC 95% 1,09 a 1,74), certeza moderada.

¿Cómo se lee ese 1,38?

Quienes tuvieron contacto piel con piel tuvieron 1,38 veces la probabilidad de sostener lactancia materna exclusiva, comparado con quienes no lo recibieron. Dicho de otra manera: alrededor de un 38% más de probabilidad, en términos relativos. Vale mirar de dónde salen esos números. Aunque la revisión completa reúne 69 estudios, el resultado de lactancia exclusiva hasta el mes se apoya en 12 estudios y 1.556 díadas, y el de 6 semanas a 6 meses en 11 estudios y 1.135 díadas. Es un subconjunto del total, y eso explica en parte por qué la certeza de la evidencia se calificó como moderada y no como alta.

En el recién nacido, el contacto piel con piel probablemente se asocia con valores de glucemia más altos entre los 75 y los 180 minutos de vida, lo que se interpreta como mejor estabilidad metabólica, y puede favorecer la adaptación cardiorrespiratoria, aunque acá la certeza es menor.

La temperatura corporal fue levemente más alta, una diferencia que la propia revisión considera sin relevancia clínica.

En cambio, la evidencia disponible no permite afirmar que el contacto piel con piel reduzca el sangrado materno (evidencia muy incierta) ni que modifique el tiempo

hasta la separación de la placenta (probablemente poca o ninguna diferencia).Y hay algo que la revisión tampoco pudo responder: cuál es el momento óptimo para iniciarlo, ni cuánto debería durar. Las definiciones variaban demasiado entre los estudios. 

¿Y qué pasa si fue cesárea?

15 de los 69 estudios incluyeron nacimientos por cesárea. La revisión reconoce que implementar el piel con piel en cesárea puede presentar dificultades operativas,

pero aun así lo señala como factible y alineado con las recomendaciones de la Iniciativa Hospital Amigo del Niño (Baby-Friendly Hospital Initiative).

Ahí queda una pregunta concreta para la conversación: en las instituciones donde trabajás,

¿el piel con piel en cesárea es la norma, la excepción, o directamente no está?

¿Y qué significa esto?

Lo más llamativo de esta revisión no es solamente que el contacto piel con piel “favorezca la lactancia”. Es que una intervención que ocurre en las primeras horas de vida se asocia con un resultado que medimos meses después. Eso no significa que el contacto piel con piel sea, por sí solo, responsable de que alguien sostenga la lactancia.

La lactancia es un fenómeno complejo, atravesado por factores biológicos, sociales, familiares, culturales y laborales, y por el acompañamiento que cada persona recibe.

Un riesgo relativo, además, dice cuánto se mueve un resultado respecto del grupo de comparación, no cuánto cambia en términos absolutos.

Pero sí aporta evidencia para pensar que ese primer contacto no es un detalle menor dentro de la atención del nacimiento.

Hay una conclusión de los autores que vale la pena detenerse a mirar. Para seguir investigando esta pregunta habría que hacer nuevos ensayos aleatorizados, es decir, estudios donde se decide al azar qué díadas reciben contacto piel con piel y cuáles reciben la atención habitual. Los autores plantean que la evidencia acumulada ya alcanza, y que asignar deliberadamente a un grupo de madres y recién nacidos a estar separados no sería éticamente justificable. Dicho de otro modo: para ellos la pregunta de investigación está cerrada. Lo que queda abierto es la implementación.

La revisión concluye que la evidencia respalda el contacto piel con piel inmediato después del nacimiento, independientemente de la vía del parto, en madres y recién nacidos sanos de término y prematuros tardíos.

¿Qué podemos hacer desde nuestro lugar?

No todos los profesionales que acompañamos a una díada madre-bebé estamos presentes en el momento del nacimiento. Pero eso no significa que no tengamos nada para hacer.

Si formamos parte de un equipo de salud que recibe a esa díada después del parto, podemos preguntarnos:

¿Qué lugar ocupa el contacto piel con piel en nuestra institución? ¿Lo conocemos? ¿Lo promovemos? ¿Sabemos qué puede facilitarlo y qué obstáculos aparecen?

También podemos llevar esta conversación al equipo. Preguntar cómo se está implementando, compartir la evidencia disponible, identificar barreras y pensar estrategias para que, cuando sea posible, el contacto piel con piel no dependa solamente de quién esté de guardia o de una iniciativa individual.

Porque promover la lactancia no siempre significa intervenir directamente sobre la lactancia. También significa trabajar con otros profesionales para construir las condiciones que la hacen posible desde el comienzo.

Para llevar a la práctica

Cuando hablamos de promoción de la lactancia tendemos a pensar sobre todo en lo que sucede después: asesoramiento, técnica, extracción, dificultades, grietas, producción, incorporación de la alimentación complementaria.

Esta revisión nos recuerda que el acompañamiento de la lactancia empieza antes de la primera consulta de lactancia. Y nos invita a mirar el nacimiento como parte de ese proceso.

Una idea para quedarse

A veces, una intervención que dura minutos tiene consecuencias que medimos meses después.

La evidencia no dice que el contacto piel con piel garantice una lactancia exitosa.

Sí dice que vale la pena proteger y favorecer ese momento.

El trabajo está del lado de la implementación, que es justamente donde una comunidad de profesionales puede mover la aguja.

¿Qué podemos hacer, desde el lugar que ocupamos como profesionales de la salud, para que la evidencia sobre el inicio de la lactancia se traduzca en mejores condiciones para cada díada?

Les dejo el artículo completo y los Leo en comentarios.

Sole.


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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

¿Estamos diagnosticando obesidad… o solamente calculando un IMC?

La obesidad es una de las enfermedades crónicas más prevalentes de nuestro tiempo y, sin embargo, continúa siendo una de las más simplificadas en la práctica clínica. Con frecuencia, el diagnóstico se resume a un número en la balanza o al cálculo del índice de masa corporal (IMC).

En junio de 2026, la American Diabetes Association publicó los Standards of Care in Overweight and Obesity, un documento que propone un cambio de mirada: reconocer la obesidad como una enfermedad crónica, heterogénea y compleja, cuya evaluación debe ir mucho más allá del peso corporal.

La obesidad es una de las enfermedades crónicas más prevalentes de nuestro tiempo y, sin embargo, continúa siendo una de las más simplificadas en la práctica clínica. Con frecuencia, el diagnóstico se resume a un número en la balanza o al cálculo del índice de masa corporal (IMC).

En junio de 2026, la American Diabetes Association publicó los Standards of Care in Overweight and Obesity, un documento que propone un cambio de mirada: reconocer la obesidad como una enfermedad crónica, heterogénea y compleja, cuya evaluación debe ir mucho más allá del peso corporal.

Tres cambios de paradigma que propone la ADA 2026

️ El IMC sirve para tamizar, pero no siempre para diagnosticar.

️ La evaluación deja de centrarse únicamente en el peso y pasa a comprender la historia completa de la persona.

️ La forma en que hablamos sobre obesidad también forma parte del tratamiento.

¿Por qué es relevante?

Durante décadas, el IMC ha sido la herramienta más utilizada para identificar obesidad. Sin embargo, los autores recuerdan que este indicador no mide directamente la adiposidad ni su distribución y puede subestimar o sobreestimar el riesgo en determinados pacientes.

Por eso, las nuevas recomendaciones plantean una evaluación mucho más completa, incorporando la distribución de la grasa corporal, las comorbilidades, la historia del peso, los factores psicológicos y el contexto social para comprender el verdadero impacto de la enfermedad.

Los cambios de paradigma en la práctica clínica.

1. La obesidad es una enfermedad crónica y heterogénea.

El documento deja claro que la obesidad no puede explicarse únicamente por un exceso de ingesta o una falta de voluntad. Su desarrollo responde a la interacción de factores genéticos, biológicos, ambientales, conductuales y sociales. Comprender esta complejidad permite abandonar enfoques simplistas y reducir el estigma asociado al peso.

2. El IMC sigue siendo útil… pero no alcanza.

La ADA sostiene que el IMC continúa siendo una excelente herramienta de tamizaje anual, pero que no siempre es suficiente para establecer el diagnóstico de obesidad.

En personas con IMC entre 25 y 29,9 kg/m² (o valores ajustados para población asiática), se recomienda complementar la evaluación con la circunferencia de cintura o la relación cintura/talla para detectar adiposidad central y y evitar dejar sin diagnóstico a personas con alto riesgo cardiometabólico

3. La evaluación clínica integral como punto de partida

Uno de los aportes más interesantes del documento es la propuesta de realizar una evaluación clínica integral antes de definir cualquier estrategia terapéutica. La guía dedica varias páginas a describir cómo debería ser una consulta clínica en obesidad.

La guía recomienda explorar:

  • la historia del peso a lo largo de la vida

  • los factores que favorecieron el aumento de peso (eventos vitales)

  • tratamientos previos y su respuesta

  • hábitos de alimentación, actividad física, sueño y estrés

  • salud mental

  • determinantes sociales de la salud

  • presencia de enfermedades asociadas y apoyo familiar.

  • · experiencias de estigma

Esta información permite comprender la historia de cada persona y construir un plan realmente individualizado.

Y de esta manera, la obesidad deja de evaluarse únicamente desde la antropometría para abordarse desde un enfoque biopsicosocial. Como nutricionistas, este cambio nos interpela profundamente: nos invita a hacer mejores preguntas antes de pensar en mejores tratamientos

4. El abordaje también implica revisar nuestra forma de comunicarnos.

El documento enfatiza la importancia de pedir permiso antes de hablar sobre el peso, utilizar un lenguaje respetuoso y reducir el estigma en la atención sanitaria.

Además, propone utilizar el modelo de las 6 A, una estrategia de consejería que invita a:

  • Preguntar si la persona está dispuesta a conversar sobre su peso (Ask).

  • Evaluar su situación clínica y su contexto (Assess).

  • Aconsejar desde la evidencia (Advise).

  • Acordar objetivos realistas y compartidos (Agree).

  • Acompañar el proceso brindando herramientas y apoyo (Assist).

  • Organizar el seguimiento para sostener los cambios en el tiempo (Arrange).

Este modelo favorece una atención centrada en la persona y mejora la adherencia al tratamiento.

¿Qué nos llevamos a la consulta?

El cambio más importante que propone esta guía no es un nuevo punto de corte del IMC.

El verdadero cambio consiste en dejar de mirar únicamente un número para comenzar a comprender la historia que hay detrás de ese peso.

Como nutricionistas, esto implica hacer mejores preguntas, conocer el recorrido de cada persona, identificar los múltiples factores que influyen en su salud y construir intervenciones acordes a esa realidad.

Porque cuando entendemos la obesidad como una enfermedad compleja, también entendemos que ninguna consulta debería reducirse a un cálculo de IMC.

Les comparto el artículo y los leo. 👇

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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

¿Importa la posición al medir la circunferencia de pantorrilla?

La circunferencia de pantorrilla se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada para la evaluación de masa muscular, el diagnóstico de sarcopenia y la valoración nutricional en distintos contextos clínicos. Incluso forma parte de recomendaciones internacionales como GLIM y AWGS.

La circunferencia de pantorrilla se ha convertido en una herramienta cada vez más utilizada

para la evaluación de masa muscular, el diagnóstico de sarcopenia y la valoración nutricional en distintos contextos clínicos.

Incluso forma parte de recomendaciones internacionales como GLIM y AWGS.

Y esto nos lleva a una pregunta importante:

¿Qué hacemos cuando necesitamos evaluar la masa muscular y no contamos con herramientas?

O más aún…

¿Qué hacemos cuando tenemos delante un paciente hospitalizado,

con movilidad reducida o que ni siquiera puede ponerse de pie?

En esos casos, una simple cinta métrica puede transformarse

en una herramienta de enorme valor.

Sin embargo, existe un problema práctico:

no todos medimos la circunferencia de pantorrilla de la misma manera.

Algunos protocolos la realizan de pie, otros sentados y, en pacientes hospitalizados o con movilidad reducida,

muchas veces se mide acostados.

La pregunta que se plantearon los autores fue sencilla:

¿Obtendremos el mismo resultado independientemente de la posición?

Para responderla, compararon la medición de la circunferencia de pantorrilla realizada de pie,

sentado y acostado en 193 pacientes hospitalizados.

Los resultados mostraron pequeñas diferencias entre posiciones.

La medición realizada sentado tendió a ser ligeramente mayor que las realizadas de pie o acostado.

Sin embargo, las diferencias fueron mínimas y se mantuvieron dentro del margen esperado de error de medición.

En términos prácticos, esto significa que cuando el paciente no puede mantenerse de pie,

medir sentado o acostado puede ser una alternativa válida.

Pero el estudio deja además otro mensaje importante:

aunque las distintas posiciones pueden utilizarse cuando sea necesario,

para el seguimiento de un paciente conviene mantener siempre la misma técnica

y la misma posición, de forma que los cambios observados reflejen realmente modificaciones

en el estado nutricional y no diferencias en la forma de medir.

Lo que más me gustó de este trabajo es que pone el foco en algo aparentemente pequeño,

pero muy relevante: la calidad de nuestras mediciones.

A veces sucede que nos centramos en puntos de corte, diagnósticos y tecnologías,

pero olvidamos que la validez de cualquier herramienta depende también de cómo la aplicamos.

 

Este estudio nos recuerda que la circunferencia de pantorrilla sigue siendo una herramienta simple,

accesible y muy útil, pero que vale la pena ser consistentes en la forma en que la medimos

para obtener datos más confiables y comparables a lo largo del tiempo.

Conversemos

🔹 ¿Utilizás la circunferencia de pantorrilla en tu práctica habitual?

🔹 Cuando no disponés de herramientas para estimar masa muscular, ¿qué recursos utilizás?

🔹 En pacientes con movilidad reducida o internados, ¿realizás este tipo de mediciones o suelen quedar relegadas?

🔹 ¿Sentís que estamos evaluando adecuadamente la masa muscular o que todavía le prestamos menos atención de la que merece?

les dejo el artículo y Los leo 👇

 
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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

Hipovitaminosis D en pediatría: ¿Cuándo medir, cuándo suplementar y qué nos dice la evidencia?

Artículo seleccionado:

Documento científico de la Sociedad Brasileña de Pediatría

Hipovitaminosis D en pediatría: diagnóstico, tratamiento y prevención (actualización 2024)

¿Por qué elegimos esta publicación?

La vitamina D sigue siendo un tema presente en la consulta pediátrica y nutricional,

pero también un espacio donde aparecen dudas, diferentes criterios y nuevas actualizaciones.

Llegué a este documento buscando respuestas a una inquietud personal y me pareció interesante compartirlo

porque propone algunos puntos que nos invitan a revisar nuestra práctica profesional.

Como siempre, no como una verdad absoluta, sino como un punto de partida para pensar juntos.

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Lo más importante que nos deja la evidencia

  • La vitamina D importa (pero no siempre hay que medirla)

  • La vitamina D cumple un rol fundamental en la salud ósea y el metabolismo del calcio.

Sin embargo, el documento plantea algo importante:

No se recomienda solicitar vitamina D de rutina en todos los niños y adolescentes.

La evaluación suele reservarse para grupos con mayor riesgo:

* prematurez

* baja exposición solar

* obesidad

* enfermedades con malabsorción intestinal

* enfermedad renal o hepática

* uso de determinados medicamentos

* dietas muy restrictivas

Medir “por las dudas” no siempre aporta valor clínico.

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Un punto interesante: los valores no siempre son universales

Actualmente no existe un consenso único sobre qué valores determinan suficiencia, insuficiencia o deficiencia de vitamina D.

Los puntos de corte pueden variar según la guía utilizada, algo clave a considerar al interpretar resultados.

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Exposición solar: un debate abierto

El documento recuerda que no existe un nivel seguro de exposición solar

sin protección recomendado como estrategia para prevenir déficit de vitamina D.

Por los riesgos asociados a la exposición UV, la prevención debería enfocarse en

alimentación y suplementación cuando esté indicada.

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Suplementación preventiva

La guía brasileña propone:

* menores de 1 año: 400 UI/día

* de 1 a 18 años: 600 UI/día

Una recomendación interesante para comparar con otros criterios y contextos sanitarios.

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Una mirada Nutribu 🌱

Este documento nos recuerda algo importante:

La evidencia no viene a reemplazar nuestro criterio profesional, viene a acompañarlo.

La vitamina D importa, existen grupos vulnerables y la prevención tiene un lugar fundamental.

Pero también nos invita a preguntarnos:

¿Estamos midiendo cuando realmente aporta información?

¿Estamos adaptando las recomendaciones al contexto de cada paciente?

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Abrimos conversación

Si trabajás con población infantil:

→ ¿Sospechás déficit de vitamina D con frecuencia?

→ ¿Sentís que estamos llegando tarde al diagnóstico?

→ ¿Cómo lo manejás hoy en tu práctica?

Porque el conocimiento crece cuando se comparte 💚

Les dejo el artículo y los leo:

— Sole

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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

Entrenamiento de fuerza: más que ganar músculo, una herramienta para vivir mejor.

Artículo comentado:

American College of Sports Medicine Position Stand: Resistance Training Prescription for Muscle Function, Hypertrophy, and Physical Performance in Healthy Adults: An Overview of Reviews

📖 American College of Sports Medicine

¿Por qué elegimos esta evidencia?

El entrenamiento de fuerza volvió a ponerse sobre la mesa con una actualización importante: una revisión que reúne años de investigación y analiza su impacto no solo en el rendimiento físico, sino también en la funcionalidad y la calidad de vida.

En esta edición de Conversaciones con evidencia compartimos algunos puntos clave para reflexionar y llevar a nuestra práctica profesional.

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Lo más importante que nos deja

🌱 Sí rotundo al entrenamiento de fuerza

La evidencia muestra beneficios claros sobre:

* fuerza máxima

* hipertrofia

* potencia

* resistencia muscular

* velocidad de contracción

Pero el impacto no termina ahí.

También mejora indicadores relacionados con la autonomía y funcionalidad:

→ equilibrio

→ velocidad al caminar

→ rendimiento en actividades cotidianas

No hablamos únicamente de levantar más peso.

Hablamos de movernos mejor y sostener calidad de vida a lo largo del tiempo.

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Una mirada Nutribu

No existe una única forma correcta de entrenar.

El mejor abordaje será siempre aquel que pueda adaptarse a la persona, su contexto, sus posibilidades y sus objetivos.

La evidencia nos guía, pero el criterio profesional transforma esa información en acompañamiento real.

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Sigamos conversando 💚

Porque el conocimiento crece cuando se comparte.

Les dejo el artículo completo y los leo.

Sole.

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Soledad Mangieri Soledad Mangieri

El SOP ya no se llama SOP: Un cambio de nombre que refleja una nueva forma de entender esta condición.

Durante años hablamos de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).

Pero la evidencia actual propone mirar esta condición desde una perspectiva más amplia, donde el ovario es solo una parte de una historia mucho más compleja.

Durante años hablamos de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP).

Pero la evidencia actual propone mirar esta condición desde una perspectiva más amplia,

donde el ovario es solo una parte de una historia mucho más compleja.

El nuevo término propuesto es:

PMOS

Polyendocrine Metabolic Ovarian Syndrome

(Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino)

Y el cambio no es solamente de nombre.

Es un cambio en la forma de comprender, evaluar y acompañar esta condición.

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¿Por qué dejar atrás el término SOP?

El nombre anterior ponía el foco principalmente en los “quistes”.

Pero hoy sabemos que:

→ muchas pacientes no presentan ovarios con esa característica

→ una ecografía normal no descarta la condición

→ el impacto metabólico puede quedar subestimado

Además, lo que muchas veces llamamos “quistes” son en realidad folículos inmaduros que iniciaron su desarrollo pero no llegaron a ovular.

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¿Qué significa PMOS?

Polyendocrine

Porque involucra más de un eje hormonal.

Metabolic

Porque la resistencia a la insulina y el riesgo metabólico forman parte central de su fisiopatología.

Ovarian

Porque existe compromiso ovárico y alteraciones en la ovulación, pero no como único protagonista.

Syndrome

Porque hablamos de un conjunto de manifestaciones conectadas.

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Una mirada más integral

Durante mucho tiempo esta condición fue abordada principalmente desde la fertilidad y la salud ginecológica.

Hoy la mirada se amplía.

PMOS puede relacionarse con:

* resistencia a la insulina

* alteraciones metabólicas

* diabetes tipo 2

* dislipidemias

* salud cardiovascular

* alteraciones psicológicas

* salud integral femenina

El cambio invita a mirar a la paciente completa, no solo al ovario.

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El componente metabólico como protagonista

Un mecanismo frecuente es:

1. Resistencia a la insulina

↓

2. Mayor producción compensatoria de insulina

↓

3. Aumento de andrógenos

↓

4. Alteraciones ovulatorias y manifestaciones clínicas

Por eso intervenir sobre hábitos, alimentación y metabolismo tiene un rol fundamental dentro del abordaje.

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Evaluar más allá de la ecografía

El diagnóstico y seguimiento no deberían depender únicamente de la imagen ovárica o de una glucosa en ayuno normal.

Según cada caso, la valoración puede incluir diferentes marcadores hormonales y metabólicos para comprender mejor el cuadro completo.

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Una mirada Nutribu 🌱

Este cambio nos recuerda algo importante:

Las palabras que usamos en salud no solo describen condiciones.

También influyen en cómo las entendemos, investigamos y acompañamos.

PMOS representa un cambio de paradigma:

de una mirada centrada en el ovario

a una comprensión endocrino-metabólica integral.

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Abrimos conversación

¿Qué te genera este cambio de nombre?

¿Sentís que “SOP” se quedaba corto para explicar la condición?

¿Creés que este cambio puede mejorar el abordaje o generar más confusión?

Y si trabajás en consulta:

¿Sentís que el componente metabólico sigue siendo subestimado?

Les comparto el artículo y los leo 💚

— Sole

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